Hay dibujos que hago porque me gustan.
Y hay otros que empiezan siendo un dibujo y terminan contándome cosas que ni siquiera sabía que quería contar.
Este fular de seda con granadas pertenece a los segundos.
Porque una granada no es solamente una fruta bonita.
Por fuera parece sencilla. Redonda. Cerrada. Dura.
Pero la abres, y entonces aparece todo. Decenas de pequeños granos rojos, juntos, apretados, brillantes. Como si alguien hubiera conseguido guardar un mundo entero dentro.
Y eso me fascina.
Quizá por eso terminé llenando este fular estampado de granadas.
Unas enteras. Otras abiertas.
Unas enseñándolo todo. Otras sin enseñar absolutamente nada.
Como nosotros.

Lo que llevamos dentro
Creo que hay algo muy humano en una granada.
Por fuera vemos una cosa. Por dentro hay otra.
Con las personas pasa exactamente lo mismo.
Ves una cara. Una manera de hablar. Una forma de vestir. Una sonrisa.
Pero no ves todo lo que hay detrás.
No ves las personas que ha querido. Las que ha perdido. Las cosas que le duelen. Las que recuerda cada vez que escucha una canción. Las conversaciones que cambiaron algo. Los padres. Los hijos. Los amigos. Las ausencias. Los viajes. Los miedos. Las carcajadas. Los días buenos. Y aquellos otros de los que uno prefiere no hablar demasiado.
Todo está ahí. Dentro.
Por eso, cuando dibujaba las granadas abiertas de este fular, no quería hacer una fruta perfecta.
Quería hacer algo vivo.
Una fruta que lleva siglos diciendo cosas
Pero no soy la única que ha visto algo especial en la granada.
Desde hace siglos, culturas muy diferentes han utilizado esta fruta como símbolo de vida, amor, fertilidad, abundancia, raíces y renacimiento.
Y cuanto más leo sobre ella, más me gusta haberla elegido.
En la antigua Grecia aparece unida al mito de Perséfone.
Las semillas de granada la vinculan al mundo de Hades y a ese ir y venir entre dos lugares. La tierra se apaga. Después vuelve. Y vuelve otra vez. Por eso la granada terminó relacionada también con el renacer. Con empezar de nuevo. Con entender que algunas etapas terminan para que otras puedan comenzar.
Muchos granos. Una sola fruta.
En la tradición judía, la granada se ha relacionado con la abundancia, la fertilidad y la prosperidad.
Y hay una imagen que me gusta especialmente. Dentro de una sola granada pueden convivir cientos de granos. Cada uno distinto. Cada uno ocupando su pequeño espacio. Pero todos formando parte de la misma fruta.
Quizá por eso también aparece en la tradición cristiana como símbolo de unidad.
Muchos. Pero uno.
Y también como una imagen vinculada a la vida y a la resurrección. Una fruta cerrada que, cuando se abre, está llena de vida.
Una granada en mitad de la noche
Hay otra historia que me parece especialmente bonita.
En la cultura persa, la granada está relacionada con el amor, la fertilidad y la vida.
Y tiene mucha presencia durante Yalda, la celebración de la noche más larga del año.
Me gusta imaginar esa escena. Fuera, oscuridad. Dentro, una mesa. Y sobre ella, una granada abierta.
Roja.
Brillante.
Llena.
Una pequeña manera de recordar que incluso en los momentos más oscuros la vida sigue estando ahí.
En China, un deseo de prosperidad
En China, por la cantidad de semillas que guarda en su interior, la granada terminó simbolizando la fertilidad, la descendencia y la prosperidad.
Apareció durante siglos en pinturas, tejidos y objetos relacionados con bodas y familias.
Era casi una forma de desearle algo bueno a otra persona sin decirlo.
Que crezcas.
Que tengas abundancia.
Que tu familia continúe.
Que la vida siga.
Y me gusta pensar que un dibujo pueda cargar con tantos buenos deseos.
Y también forma parte de nuestra historia
En España tampoco es una fruta cualquiera.
La granada forma parte del escudo de España y representa históricamente al antiguo Reino de Granada.
Además, la propia ciudad la ha convertido en uno de sus grandes símbolos visuales.
Así que esta fruta ha viajado durante siglos por pinturas, cerámicas, bordados, arquitectura y tejidos.
Y ahora también ha llegado hasta uno de nuestros pañuelos y fulares de semiseda.
Pero para mí significa algo más sencillo
Yo no empecé a dibujar granadas pensando en Grecia. Ni en Persia. Ni en China.
Eso vino después.
Para mí, desde el principio, la granada hablaba de algo mucho más sencillo. De todo lo que llevamos dentro. De lo que enseñamos. Y de lo que no. Por eso en este diseño hay granadas cerradas y granadas abiertas.
Porque nosotros tampoco estamos siempre igual. Hay personas ante las que nos abrimos. Y personas ante las que no.
Hay momentos en los que lo contamos todo. Y otros en los que guardamos las cosas para nosotros.
También eso forma parte de estar vivo.
Un fular y un poema
Los que me conocéis sabéis que me encanta dibujar, pintar, escribir y escribir poesía. Y aquí estoy, compartiendo con vosotros mi poema. Espero que os guste!!
Pinto granadas
para que el otoño no se marchite.
Rojo abierto.
Rojo sangre.
Herida dulce.
Dentro,
mil corazones latiendo
apretados contra un muro.
Hojas que amarillean la tarde.
Una sombra cruza el patio.
La luz se rompe despacio.
Y yo,
tan dentro de mí misma,
guardando en un pañuelo
lo que no quiero perder.
Un fular de seda para mujer que quiere contar algo
Cuando diseño fulares originales o pañuelos para nuestra colección, no quiero hacer simplemente un complemento bonito.
Bonito, sí. Pero no solo bonito.
Quiero que haya una historia detrás. Una idea. Una emoción. Algo que haga que una persona lo mire y piense: Este es para mí.
Eso es lo que buscaba con este fular de seda para mujer.
Que puedas ponértelo al cuello. Sobre los hombros. Atarlo a tu manera. Llevarlo con una camisa blanca, con un vestido, con un abrigo… Pero que, además, cuando alguien te pregunte por él, tengas algo que contar. Porque para mí los complementos de mujer originales deberían hacer justamente eso.
No solo acompañar una prenda. También decir algo de quien los lleva.
Pañuelos diseñados en Zamora
Este fular nace en Zamora, en El Encanto de la Habana.
Una tienda llena de telas, objetos, decoración, complementos y cosas que elegimos porque tienen algo especial. Y también un lugar donde poco a poco nacen nuestros propios diseños.
Por eso, cuando alguien busca fulares en Zamora, me gusta pensar que podemos ofrecerle algo diferente.
No una pieza fabricada sin historia. Sino un diseño pensado aquí. Dibujado aquí. Y con un propósito detrás.
